Chiclana Natural pondrá en marcha durante los meses de julio y agosto un sistema de control de plagas contra la oruga procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) de alta efectividad y respetuoso con el medio ambiente. El nuevo tratamiento, que tiene como base de su eficiencia el uso de feromonas, será puesto en práctica con carácter experimental en varias zonas del municipio como el Pinar de la Barrosa, Las Quintas o Mogarizas, así como en aquellos otros núcleos poblacionales en los que las comunidades de vecinos correspondientes lo soliciten.
Las ventajas de la colocación de trampas de feromonas contra la oruga procesionaria con respecto al uso de productos fitosanitarios consisten en su total especificidad (tan sólo afectará a la especie en concreto que origina la plaga), la ausencia de interacción para otras especies animales o vegetales, la escasa toxicidad y el bajo impacto ecológico. Se da la circunstancia de que el tratamiento químico mediante insecticidas supone la eliminación de los depredadores naturales de la este insecto, que en esta zona geográfica son el herrerillo, el carbonero, murciélagos, avispas, hormigas y cigarras.
Como consecuencia de ello el efecto que produce es el contrario al deseado, ya que en veranos posteriores la dimensión de la plaga es más dañina si cabe.
La aplicación práctica consistirá en la colocación en cada uno de los pinos afectados de una trampa con el atrayente específico feromonal para la oruga procesionaria. Esta sustancia, que emula la que generan las hembras de las especie en época de apareamiento, atraerá a los machos hasta la trampa, evitando que se produzca el apareamiento y, consecuentemente, la reproducción.
En las zonas de pinares, como es el caso del extrarradio costero de la localidad, este insecto es uno de los principales causantes de urticarias y alergias en personas y animales domésticos. Las orugas están recubiertas por unos pelillos urticantes que se dispersan y flotan en el aire, produciendo irritación en piel, ojos y nariz.
Este insecto se alimenta en invierno de las acículas de los pinos, provocando que éstas se sequen y caigan. El daño más importante lo hacen desde el final del invierno hasta mitad de primavera, cuando las orugas son más grandes y voraces. La defoliación rara vez produce la muerte de los pinos pero los debilita en gran medida, facilitando el ataque posterior de otras plagas. Los pinos pequeños sí se pueden secar.